LA EMPRESA Y LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE

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Es incuestionable que la protección del medio ambiente es tarea y responsabilidad de todos: tanto de los gobernantes con las políticas que impulsan, como de los ciudadanos de a pie, con nuestros diferentes estilos de vida. Pero también es responsabilidad de las empresas, que actúan sobre el medio ambiente de forma directa o indirecta mediante la transformación del territorio, la extracción o transformación de materias primas, la fabricación de productos…

     Sin embargo, no debemos considerar el medio ambiente como algo ajeno a nuestra vida, ya que los seres humanos también formamos parte del medio ambiente, vivimos en él y dependemos de él: de la calidad del aire, del suelo, del agua… y todo lo que hacemos, de forma directa o indirecta, afecta a nuestra salud y a la de millones de personas en otros puntos del planeta. Esta idea se puede resumir con las palabras del Gran Jefe Seattle, líder de la tribu amerindia Swamish, en su respuesta al Presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en 1854: “contaminen su cama y morirán una noche asfixiados por sus propios desperdicios”. Son muchas las cosas que desde las empresas se pueden hacer en la protección del medio ambiente, lo cual es una cuestión de responsabilidad, pero cada vez más es una obligación, tal y como evoluciona la legislación. El incumplimiento de dicha legislación puede suponer grandes pérdidas económicas, en forma de sanciones. (Por poner un ejemplo, el abandono de residuos puede conllevar multas de entre 901 € y 1.750.000 € en función del tipo de residuo y de su riesgo.) o acciones que deban llevarse a cabo para remediar las consecuencias de una mala actuación previa.

     Y es que la contaminación de un suelo o de una masa de agua, que se puede realizar en muy poco tiempo, puede precisar un largo periodo para su recuperación de forma natural (miles de años) y gran cantidad de dinero para su rehabilitación por el hombre. El espíritu de la ley es muy claro: “El que contamina, paga”; sin  embargo, la ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados va más allá y prevé que en el caso de que ya no exista o se desconozca el causante de la contaminación, son responsables subsidiarios el poseedor de los terrenos y por último su propietario, por este orden. De forma que puede darse el caso de que, tras la compra de unos suelos se descubra que están contaminados y, de haber desaparecido el causante, se podría requerir al nuevo propietario su descontaminación, con el consiguiente gasto que supone.

Extracto del artículo preparado por GEOSCAN Consultoría para el periódico de la Asociación de Empresas del Polígono Empresarium. Se puede ver completo en:

http://www.empresarium.org/wp-content/uploads/2014/01/Periodico-Empresarium.pdf